Qué construimos con él

React es el front-end que heredamos con más frecuencia. Nuestro trabajo en él suele ser sobre aplicaciones que ya existen: añadir funcionalidades, desenredar estado que se ha esparcido entre contextos y efectos, reemplazar peticiones de datos que se repiten más de lo que deberían y arreglar renders que se han vuelto caros al crecer la app.

La librería en sí es pequeña —componentes y hooks— y casi todo lo demás es una decisión que tomó el equipo anterior. Leer una base de código React es en buena medida leer esas decisiones: qué router, qué capa de datos, qué gestión de estado y si siguen estando de acuerdo entre sí.

Dónde encaja

En front-ends y interfaces de administración de productos existentes, y en la mitad web de productos cuya app móvil construimos en Flutter. Trabajar en ambos es útil precisamente porque la misma API tiene que servirlos.

Cuándo lo recomendamos

Cuando ya está ahí, o cuando un equipo contrata en base a él: la bolsa de desarrolladores React es la mayor de cualquier ecosistema de front-end, y esa es una razón legítima para elegirlo.

Para un proyecto nuevo recurriríamos a Vue, o a Nuxt cuando importan el renderizado en servidor y el SEO, porque es donde nuestro equipo tiene más profundidad. Y si la pregunta es móvil en vez de web, compararíamos en serio antes que suponer: escribimos Flutter frente a React Native justo para esa decisión.